El mercado automotriz mexicano enfrenta un periodo de transformación profunda, marcado por el impacto de políticas arancelarias tanto internas como externas, cambios en los patrones de consumo y una reconfiguración de estrategias de producción y venta.

Aranceles: un nuevo ingrediente regulatorio
A partir de enero de 2026, México implementará nuevas tarifas arancelarias de hasta el 35% para vehículos importados de países con los que no tiene tratados de libre comercio, principalmente China, India, Corea del Sur, Tailandia e Indonesia. Esta medida forma parte de una política más amplia para proteger la industria nacional y fortalecer la producción local, aunque ya generan preocupación entre productores y distribuidores por los posibles efectos en precios y volúmenes de venta.
El Gobierno mexicano destaca que estos aranceles buscan incentivar la producción local y preservar empleos, además de generar ingresos fiscales adicionales estimados en 3.76 mil millones de dólares para 2026.
Estas decisiones se dan en el marco de tensiones comerciales globales, particularmente las medidas arancelarias establecidas por Estados Unidos, que desde 2025 ha impuesto tarifas del 25% a automóviles y componentes que no cumplan con las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Organismos como Moody’s han advertido que aranceles unilaterales pueden reducir la competitividad de las exportaciones mexicanas, disminuir la producción y poner en riesgo empleos en un sector que representa un porcentaje significativo del PIB manufacturero del país.
Además, expertos del sector señalan que, ante estas medidas, algunas plantas en México y Canadá han ajustado producción o suspendido actividades, afectando cadenas de suministro altamente integradas.
Impacto en precios y demanda
Diversos análisis económicos, incluida la calificadora Fitch Ratings, proyectan que los aranceles podrían tener un efecto directo en el aumento de precios de vehículos nuevos en México, con un impacto adicional sobre la demanda y el crédito automotriz.
Este fenómeno se suma a la normalización del mercado tras la pandemia de COVID-19, que ya había generado presiones de costos y cambios en los comportamientos de consumo, con variaciones importantes en el crecimiento de volúmenes y en la oferta de productos.
¿Hacia dónde va la preferencia de los consumidores?
A pesar de los retos arancelarios, el segmento de vehículos alternativos (eléctricos e híbridos) ha mostrado crecimiento en México. Datos de asociaciones del sector revelan que la producción de híbridos y eléctricos creció un 179% en el primer trimestre de 2025, y las ventas también aumentaron significativamente, representando más del 9% del mercado total.
Estudios de satisfacción al cliente, como el Mexico Sales Satisfaction Index de J.D. Power 2025, indican que los compradores de vehículos híbridos y eléctricos reportan niveles de satisfacción más altos en comparación con los propietarios de autos tradicionales, lo cual es una señal positiva para la consolidación de estos segmentos a mediano y largo plazo.
No obstante, expertos del sector han señalado que, debido a limitaciones en infraestructura de carga y percepciones de riesgo, el consumidor mexicano todavía muestra preferencia por vehículos híbridos sobre totalmente eléctricos, una tendencia común en mercados en desarrollo. Este patrón racional de adopción puede influir en la estrategia de producto de fabricantes.
Perspectivas para 2026
La combinación de aranceles, nuevas dinámicas de comercio internacional y cambios en el comportamiento del consumidor crea un panorama que mezcla cautela y oportunidades.
Entre los principales retos se encuentran:
- Presiones de costo y precio sobre vehículos importados.
- Posible desaceleración en la demanda interna y en segmentos específicos.
- Reconfiguración continua de cadenas de suministro ante incertidumbres regulatorias.
Al mismo tiempo, hay señales positivas como:
- Crecimiento sostenido de tecnologías alternativas (híbridos y eléctricos).
- Mayor enfoque en servicio postventa y diferenciación de valor.
- Posicionamiento estratégico de México como hub de producción en América del Norte, siempre y cuando se mantenga un equilibrio entre políticas de protección y competitividad internacional.
El mercado automotriz mexicano se encuentra en una etapa de reajuste profundo, influido por factores regulatorios, económicos y tecnológicos. Los aranceles representan un desafío, sí, pero también incentivan a la industria a redefinir estrategias, reforzar su resiliencia y explorar segmentos de mayor valor agregado.
La clave para los próximos años será cómo las empresas y el gobierno equilibren protección, competitividad y adaptabilidad, en un entorno global cada vez más complejo.